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Personas Transgénero, desde la Infancia a la Vida Adulta

Hace un par de semanas nuestro país fue azotado por una conmovedora e impactante historia. Una niña transgénero sacó el debate del activismo y el mundo legislativo, llevándolo a todos los hogares chilenos y convirtiéndose en un tema país. La sensibilidad y la acogida con la que fueron manejados los temas no  sólo generaron una empatía única en el caso de una familia comprometida en la felicidad de una hija y hermana, sino que planteó aún más dudas y permitió que más y más casos ocultos salieran a la luz. El siguiente documento fue preparado por el Equipo de Ciencias de la Fundación Iguales, y revisado por los principales veladores de los derechos humanos de las personas Trans en Chile, permitiendo entregar una discusión biomédica, sin patologizar a ésta comunidad, y entendiendo que el rol de los y las profesionales de la salud es el de acompañar a las personas, sus familias y redes sociales y escolares, previniendo la aparición de elementos perjudiciales que pudiesen traer complicaciones futuras, como el bullying transfóbico y el suicidio adolescente.

Durante muchos siglos existió una visión binaria del género, hombre/masculino y mujer/femenina, en que éste representaba una extensión del cuerpo con el que nace un individuo. Sin embargo, debemos diferenciar la asignación de sexo de la identidad de género, en que la primera corresponde a la identificación sexual que nos designan al momento (o antes) de nacer, y que puede ser hombre, mujer o intersex; mientras que la segunda es una parte crucial del ser humano como un ser social, y como tal, requiere de una auto definición, generando consecuencias para sí mismo y para el entorno, permitiéndole al individuo reconocerse en sociedad como hombre, mujer, ambos o ninguno. Esto no tiene que ver con la orientación sexual, o hacia el quien se siente atraído el individuo.

Lo más común, pero no por eso lo normal o mejor, es que el sexo asignado al nacimiento coincida con la identidad de género, la cual se condice tradicionalmente, cultural o socialmente con una orientación sexual heterosexual. No obstante, existen personas que sienten una fuerte y persistenteidentificación con el sexo opuesto al asignado al nacer en lugar de hacerlo con el sexo biológico o anatómico dado; a éstas personas se les denomina como transgénerxs (se utiliza la x como elemento propio del lenguaje inclusivo).

Si bien las ciencias de la salud han tratado de dar diferentes explicaciones biomédicas y psicológicas, elementos transgéneros en diferentes especies del reino animal, acompañado de avances en la investigación y la comprensión de los derechos civiles y humanos de estas personas, han permitido que para el lanzamiento del Quinto Manual Diagnóstico y Estadístico de Enfermedades Mentales elaborado por la Asociación Americana de Psiquiatría, el 2013, se reoriente el diagnóstico de patología a la “Disforia de Género” (DG), definida como la angustia que sufre la persona que no está identificada con su sexo masculino o femenino, y no en una identidad enferma como tal. Es así como la patología radica en el sentimiento de incomodidad y culpa a esta dicotomía entre el sexo y el género, y es labor del profesional ayudar a encontrar un equilibrio y sintonía en la vida de la persona con dicha dicotomía.

Aproximación a lxs niños transgénero

Muchas dudas asaltan al lector cotidiano en este momento: ¿Es posible hablar de identidad de género a tan temprana edad? ¿Por qué aparecen ahora lxs niños y niñas transgénero y no fueron descritos antes? Entre otras que se tratarán de plantear más adelante.

Lo primero es recalcar que las personas transgénero están descritas en la literatura desde siempre, pero las perspectivas difieren según la cultura, y hasta hace poco no gozaban de una valoración biomédica adecuada. Es por esto, entre otras cosas, que la presencia de características que plantearan una Disforia de Género en el niño o niña, por lo general era enfrentado con duda, temor e impotencia por parte de los padres, decantando en actitudes de violencia y represión temprana dentro del hogar, con justificaciones supuestas en proteger al menor de un entorno adverso. Es así como el levantamiento de los derechos civiles y humanos de las comunidades LGBT, permite que la población general valore la diversidad sexual como un valor transversal, respondiendo a las inquietudes de los hijos de una manera integrativa y de soporte, y permitiendo los avances que vemos hoy.

Este articulo pretende dar una mirada acerca del origen del sufrimiento de lxs niños y niñas transgénero, otorgando luces acerca de cómo asesorar a las familias y educadores para que puedan ofrecerles el máximo potencial como individuos libres, a pesar de no encajar en una sociedad que categoriza la identidad de género dicotómicamente. Éste sufrimiento no es un asunto exclusivo de la persona, su familia y/o su entorno educativo, sino que debe ser un tema de Sociedad y Estado, ya que que las consecuencias de un mal manejo pueden ser catastróficas. Un estudio Americano del 2010, realizado por el Centro Nacional por la Igualdad de los Transgénero, NCTE por sus siglas en inglés (http://transequality.org/), indica que el 41% de los adolescentes transgéneros ha tenido un intento suicida. El instituto YES, dedicado a la prevención de suicidios y violencia contra los jóvenes gay, lesbiana y transgénero, explica que para muchos la presión de vivir una vida falsa, escondiendo cómo se sienten, es demasiado angustiante llevándolos a cometer suicidio o autoagresiones. Si bien estas son estadísticas extranjeras, es muy probable que la realidad de nuestro país no varíe mucho ellas.

La prevalencia global estimada de niños transgénero es de 1 en 500 niños (Brill y Pimienta,2008). Sin embargo, estos reportes se basan en estimaciones pequeñas y poco replicadas, en comunidades distintas y de poco seguimiento temporal. En la literatura existen estimaciones de que un 15% de estos menores realiza una transición hacia persona transexual en la adultez, proceso definido como persona transgénero que desea avanzar hacia una identificación total de su identidad de género con su sexo biológico, modificando sus genitales y caracteres sexuales secundarios, adquiridos en la pubertad. Lo anterior nos permite comprender que si bien no todos aquellos niños que padecen de disconfort con su cuerpo son transexuales, sí un porcentaje importante de ellos lo es genuinamente y se manifiesta de forma precoz. De lo anterior emerge la necesidad de un apoyo endocrinológico, quirúrgico y muchas veces, si no ha sido acompañado de un seguimiento desde temprana edad, un apoyo psicosocial que permita la aceptación de sí mismo tal cual el niño se percibe, evitándose así que su disforia permanezca al sentirse agobiado por la no aceptación. Steensma y sus colaboradores realizaron un estudio donde concluyen que la intensidad con que se manifiesta la DG en los primeros años, es decir, cuán fuerte es la identificación con el sexo opuesto y disconfort con su genitalidad y rol de genero, parece ser un predictor importante de persistencia de dicha disforia, lo cual nos muestra que existe una relación directa entre la intensidad de malestar con la propia biología genital y la existencia un verdadero niño trasngénero cuya identidad permanecerá como tal hasta la adultez. A diferencia de lo anterior, el funcionamiento psicológico y la calidad de las relaciones entre iguales, no resultaron ser predictores significativos de la persistencia de dicho malestar.

Distintos autores como el psiquiatra infantil José Luis Pedreira Massa refieren que lo niños transgénero empiezan a mostrar rasgos de su identidad sexual a una edad muy temprana, en torno a los 4 o 5 años de edad, aunque sus familias no lo reconocen hasta bastante tiempo después; otros como Brill y Pimienta plantean que al menos se dan cuenta que hay algo diferente en la primera infancia.

Los comportamientos mas típicos que permiten darnos cuenta de que estamos en presencia de una niña transgénero (nacida en cuerpo de niño), son que sentimientos de rechazo hacia su pene o testículos con un deseo permanente de que desaparezcan sus genitales, asociado a conductas e identificación que se desligan de lo que otros niños “normalmente” acostumbran a realizar. Los niños, por otro lado, pueden negarse a orinar en posición sentada y expresar deseos de crecimiento de órganos genitales masculinos. Pueden aseverar que no les crecerán mamas o no les llegará la menstruación, y presentar aversión hacia costumbres ligadas normalmente al universo femenino. Cabe mencionar que el sólo hecho de presentar conductas que se alejen de la llamada normalidad de lo que niños y niñas realizan durante su desarrollo, no debe traducirse por sí sola en una respuesta transgénero del menor, y corresponder a elementos propios de crianza y sociedad donde los padres no obligan a sus hijos a repetir patrones normados sobre lo que es ser niño y niña. No todos los niños que presentan variación de género o “comportamientos e intereses que caen fuera de lo que se considera normal para el sexo biológico asignado a una persona” se convierten en un transexuales en la adultez (Rosin, 2008), o no todos los niños que presentan disconfort con su género desarrollan una conciencia psicológica de género que es incongruente con su sexo biológico (Wester et al, 2010).

En la actualidad las personas transgénero a menudo son estigmatizadas como problemáticas (Kennedy y Hellen, 2010) puesto que amenazan la construcción del género integrada en la sociedad. Sin embargo, es importante marcar la importancia de la valoración de éstas personas, puesto que los niños y niñas transexuales son parte de la diversidad humana y nos hacen comprender que la identidad de género es un continuo fluido (Malpas, 2011). Varios estudios de carácter retrospectivo, y que evalúan a adolescentes insertos en sociedades poco integradoras, muestran una mayor asociación con baja autoestima, auto-odio, abuso de drogas, auto-mutilación e intentos de suicidio. Este elemento, al llevarlo al modelo de la variable confundente, (figura), requiere entender que no es la discordancia sexo género la causal de las patologías asociadas, sino que es la discriminación a la que se enfrentan en una sociedad que no está preparada (Conroy, 2010, Mallon y DeCrescenzo, 2006).

Acercamiento al desarrollo de la infancia

Para introducirnos a cómo los niños y niñas se descubren y definen desde la primera infancia hasta la post pubertad entenderemos el desarrollo como el proceso por el cual un organismo (humano o animal) crece y cambia a través de su vida útil (Smith, Cowie y Blades, 2003), el cual puede variar entre distintos individuos. Entenderemos al autoconcepto (Self) como el Sentido de Sí Mismo que tenemos todas las personas, y que involucra constructos diversos de creencias y representaciones subjetivas.

Uno de los padres de la teoría del desarrollo, Erik Erikson, quien basa sus escritos en la teoría psicodinámica, describe que el proceso de formación de la identidad va soslayando etapas: siendo así como en la primera de ellas el ser humano debe lograr la “Confianza Básica”, en que el bebe desarrolla el sentido de si puede o no confiar en el mundo, lo que depende principalmente de la atención y el cariño dado por los cuidadores (Hopper, 2007).

Luego, entre los 2 a 3 años, el preescolar debe alcanzar la “Autonomía”, desarrollando habilidades de lenguaje y un sentido interno de género, centrando su atención en los modelos del mismo sexo con quien genere identidad, y que lo guían sobre la manera de actuar (Brill y Pimienta, 2008). En esta segunda etapa lo niños transgénero se esfuerzan activamente para socializar su autoconcepto con su sentido interno de género (Brill y Pimienta, 2008) dando las primeras señales a sus figuras de apego, como padres y familiares cercanos, sobre sus preferencias desde el momento en que comienzan a hablar.

Es por lo tanto posible encontrar desde muy temprana edad signos que deben captar la atención de los padres, para poder emitir una respuesta saludable. Casos como los actualmetne descritos hablan de familias que han dejado atrás los prejuicios de género y han comprendido el sufrimiento de sus hijos, sin embargo, padres que tienden a rechazar las preferencias incompatibles a los estereotipos sexuales, mostrando decepción y negación, traerán sentimientos de frustración en el menor. Si los deseos de una niña o muchacho están constantemente restringidos y los niños tienen que renunciar a sus propios deseos para complacer a los padres, un sentido de autovergüenza puede surgir de estas discrepancias.

Entre los 3 y 5 años, los menores deben sortear entre la “Iniciativa” o “Culpabilidad”, polarizando las diferencias de género en las experiencias que aumentan con el contacto con otros niños, generando una socialización de los roles desempeñados por cada sexo biológico. La conciencia de las diferencias anatómicas de los niños aumenta, y empiezan a incorporar los estereotipos en sus comportamientos y representaciones, haciendo uso de guiones de género -como jugar al papá y a la mamá- (Brill y Pepper, 2008). Los padres suelen preocuparse si un niño elige una muñeca en vez de jugar con un camión, o si una chica prefiere estar involucrada en actividades violentas y se niega a usar vestidos de color rosa. Siendo esperable que los niños que han demostrado rasgos transexuales previos reciban mayor presión por encajar, si sus padres no han decidido acompañar la condición de su hijo o hija, será más probable que se sientan aun más culpables por sus propios deseos y necesidades. Puesto que no hay una concepción del problema de género como un problema social, se genera un aumento del sentimiento de culpa (Ettner, 1999).

Entres los 6 y 11 años (Laboriosidad vs Inferioridad), el niño debe aprender destrezas de la cultura a la cual pertenece o enfrentarse a sentimientos de inferioridad, generando dificultades para hacer frente a las nuevas demandas sociales y académicas. Si los niños reciben retroalimentación positiva, se animarán a probar nuevas tareas. Sin embargo, si encuentran crítica, pueden sentir decepción e inferioridad. En ésta etapa los niños nos pueden manifestar abiertamente su transexualidad si se lo permitimos, a pesar de que algunos niños deciden no mostrar su verdadera identidad de género hasta más tarde (Kennedy y Hellen, 2010). El impacto resultante de una desaprobación continua en términos de autoestima y competencia es el mal sentido del Sí Mismo, Depresión, Ansiedad, Miedo e Ira. En general, los niños transgénero sin apoyo, pueden desarrollar comportamientos problemáticos para protegerse de un ambiente intimidante, tratando de defender sus sentimientos de inferioridad y adoptando personalidades que muestren fortaleza externa, ya sea agradando, siendo ellos mismos “matones” o entretenedores del resto (Hopper, 2007,). Esto provoca que, en general, los adultos los definan de forma negativa, lo cual constituye un hecho relevante puesto que las descripciones negativas son altamente propensas a convertirse en parte de la identidad del niño.

Finalmente la adolescencia, constituye el tercer momento más común en que un niño se da cuenta que es transgénero, se ha descrito también como el momento cuando el adolescente hace frente a la negación sostenida que le impedía descubrir y vivir su identidad (Brill y Pimienta, 2008). Según Erikson, lo que caracteriza esta etapa es el desarrollo de una identidad personal, de esta forma si un adolescente no es capaz de encontrar un sentido aceptable de Sí Mismo, él o ella estará confundido (Hopper, 2007), derivando en lo que se conoce como Difusión de Identidad.

Un aspecto muy significativo de ésta etapa son las características sexuales secundarias. Los adolescentes transexuales tienden a hacer frente a estos cambios con angustia, vergüenza y aversión (Brill y Pimienta, 2008); tales cambios provocan conductas autodestructivas y del mismo modo, la exploración sexual transgénero se experimenta con más ansiedad que otros niños. Surgen también las inquietudes sobre sus futuras relaciones de pareja cuestionándose si podrá la persona que aman aceptar quienes son; preguntándose además, sobre si es el comercio sexual el único lugar donde podrán trabajar. La ausencia o escasez de modelos de seguir transgénero y transexuales pueden actuar como limitante a aspirar a un futuro integral.

Dentro de las limitaciones de la teoría de Erikson encontramos que los conflictos de identidad no surgen en la adolescencia, sino que se manifiestan desde la primera infancia, cuando éstos aprenden sobre su cuerpo, género y expectativas sobre su rol en la sociedad (Grossman y D’Augelli, 2007). Además, Erikson construyó su análisis en una concepción dualista del género (hombre/mujer), como una extensión del sexo biológico; una forma en la que el sexo impregna la personalidad. Esto dificulta el objetivo de un asesoramiento adecuado y óptimo a los niños y niñas transexuales, ya que rechaza de entrada su identidad desde la primera infancia.

Nada de esto quiere decir que las personas transgénero y transexuales son menos capaces de desarrollar una personalidad sana e interacciones sociales adecuadas, sino que se ven enfrentadas a una sociedad excesivamente discriminatoria, invisibilizante y represora, por lo que estas personas requieren de una fuerte red de apoyo familiar, escolar y generalmente de profesionales de salud.

El objetivo del desarrollo es lograr un sentido de competencia, que permita la integración de una identidad de género distinta en el autoconocimiento. Este logro a menudo logra alcanzarse en la adultez, cuando las personas transgénero logran hacer frente al estigma social empoderándose y actuando con libertad. Un cambio social adaptativo permitirá adelantar cada día más esta situación, hasta hacerla pasar inadvertida.

Dentro de las terapias de asesoriamiento y apoyo planteadas, Ximena de Toro Consuagra   (a) (Universidad de Edinburgo, Diciembre 2012), plantea un enfoque Humanista basado en la Teoría de Rogers. Rogers dice que cada persona vive en su mundo específico y propio, y ese mundo privado es el que determina su comportamiento. La conducta es el intento del organismo, dirigido a un fin, para satisfacer la necesidad innata de actualización (ser lo que podemos llegar a ser, ser nosotros mismos, convertir la potencia en acto) en el marco de la realidad, tal como la persona la percibe. Declara que los seres humanos tienen una tendencia inherente hacia el crecimiento, el desarrollo y el funcionamiento óptimo. Su método se centra en el paciente creyendo que es él quien debe decir lo que esta mal, hallar formas de mejorar y de determinar la conclusión de la terapia, aprehendiendo un método extrapolable a la vida cotidiana que le permite lidiar empoderado contra la adversidad y desafíos propios del Desarrollo. Así los niños que crecen en un ambiente cálido y con relaciones interpersonales sin prejuicios, pueden alcanzar una verdadera aceptación de su Self y alcanzar su potencial. Por lo tanto, según Ximena de Toro , el papel del asesor es facilitar un espacio seguro donde ésta tendencia se pueda trabajar de forma constructiva (Bryant-Jefferies, 2004) y evitar que sea distorsionada por condiciones adversas (McMillan, 2004).

El Asesoramiento a niños transgénero es algo que parecía lejano a la realidad chilena, pero lo es sólo porque tendíamos a callar la existencia de dichos menores. Hay otros países donde el tema se ha plasmado en políticas públicas de salud. En el Reino Unido, hay algunos principios de acuerdo con el marco ético para las “Buenas prácticas en la Consejería y Psicoterapia” (BACP, 2010) y en Escociaexiste la Declaración de Ética y el Código de Prácticas (COSCA, 2011) y las Normas de Atención a la Salud de Transexuales, Transgénero y de personas no conformes con su género (WPATH, 2012). Estas entidades rigen y determinan condiciones mínimas que debe cumplir un terapeuta para realizar asesoramiento a transexuales, dentro de ellas cabe mencionar:

  1. Deben ser sensible y de mente abierta para múltiples configuraciones del “Yo” y experiencias humanas.
  2. Deben examinar sus propios prejuicios para evitar una doble victimización y una “contratransferencia negativa”
  3. Ir más allá de los conocimientos actuales sobre el desarrollo infantil y superar una construcción binaria de género, aspectos que contribuyen a etiquetar a los niños transexuales como “anormal”
  4. La supervisión es necesaria para asegurar un nivel profesional del servicio, sobre todo si el asesor carece de experiencia con niños de género variante.
  5. La empatía, el respeto, la competencia cultural y la equidad son las cualidades personales fundamentales.
  6. Estar comprometidos con aliviar el sufrimiento personal de los niños transgénero, apoyando su empoderamiento (Lev, 2000).
  7. Debe ocuparse de ayudar a los niños a “actualizar” (Teoría Humanista de Rogers) su potencial pleno en la vida, mientras encuentra conformidad con su rol de género y su cuerpo (Ettner, 1999)
  8. Ayudar a los niños a comprender la incongruencia de su ser interno y apariencia externa (Ettner, 1999). Y pasar de una experiencia de auto-odio a una de auto-respeto (Lev, 2000) lo cual puede convertirse en una liberación para niños transgé
  9. Una condición previa es honrar las preferencias de los niños en la alineación con su propia identidad de género, tales como la ropa, el pelo, el nombre y pronombre (Brill y Pimienta, 2008).
  10. Los terapeutas tienen que respetar los tiempos de cada proceso
  11. Se sugiere que los asesores deben involucrar a los maestros y padres de familia para activar una amplia red de aceptación (Brill y Pimienta, 2008, p. 76) con el fin de impedir nuevos abusos y conductas de riesgo, con respeto de la privacidad y confidencialidad de la terapia (Cualquier revelación debería incorporar el permiso del paciente)
  12. Puesto que los profesores pueden influir en los niños transgénero y sus compañeros, es recomendable proporcionar o organizar consultas para ayudar a lidiar con el espectro de género en el aula (Brill y Pimienta, 2008).
  13. Los terapeutas deben ser sensibles al impacto en la familia de tener un miembro transexual (Lev, 2000). Ayudar a los padres a manejar el comportamientos del niño a través de estrategias para no avergonzar y que no erosionen el autoestima del niño (Ettner,1999)
  14. En vista de los temores de los padres por el bienestar de su niños: temor a la condena, la pena, la auto-culpa y sentimientos de pérdida y vergüenza (Brill y pimienta, 2008) pueden necesitar ser derivados a apoyo de algún equipo de salud mental

Conclusiones

El ser humano ha sido criado para pensar en dualidad. Bueno o malo, Negro o Blanco, Hombre o Mujer. Si o No. Muchas veces es mejor hacer caso omiso de realidades que van en contra lo que creemos normal o amenazan nuestra concepción estable de la vida. Esto genera que como sociedad vayamos enfrentado y solucionando vicisitudes y dilemas éticos sobre la marcha en vez de anticiparnos previniendo consecuencias adversas. Los tópicos de la diversidad sexual, descritos en la historia de la humanidad desde que existen registro, han tomado un peso social en los últimos cincuenta años, y en nuestro país apenas en los últimos viente. Los niños transgénero están entre nosotros y muchos de ellos sufren en el aislamiento y la represión. Muchas veces por parte de sus mismas familias.

No podemos anticiparnos a su existencia, puesto que ya son parte de nuestra diversidad humana, pero si podemos anticipar y prevenir su sufrimiento brindándoles espacios de acogida, donde puedan expresar con libertad lo que son, permitiéndoles satisfacer la humana e innata necesidad de ser ellos mismos. No nos enfrentamos a seres humanos de segunda ni de tercera categoría. Nos enfrentamos a individuos libres, capaces de realizarse con todos sus potenciales y es deber de la sociedad y el estado brindarles las herramientas para cumplir sus sueños.

El rol de los profesionales de la salud, tanto biomédicos como de la salud mental, es de acompañarles, tanto a los menores como a sus familias y sistemas socio educativos, a superar los procesos adaptativos, manejar las situaciones de stress que puedan desencadenarse y velar por el desarrollo integral del individuo durante todo el ciclo vital.

Autores: Comisión de Ciencias de la Fundación Iguales.

Fuente: Iguales.cl

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