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Familias diversas según las Sagradas Escrituras

Por Ebén Díaz.

Académicos y teólogos difícilmente podrían definir un “modelo de familia” único para el presente, pues la gama que presenciamos actualmente es variada. Una familia no se define solo por el vínculo sanguíneo o de parentesco de sus integrantes sino también por una práctica inclusiva, de adecuados vínculos afectivos, tolerancia, aceptación, comunicación asertiva y relaciones equitativas que deben practicarse. Estas son pistas que permiten escudriñar las Escrituras a la búsqueda de otros modelos familiares.

La familia “aceptable”, basada en el ejemplo de la “divina familia” (María, José y Jesús) y que se ha entendido como la “máxima” a seguir, es una concepción parcializada que responde a un discurso machista, arcaico e intolerante, articulado para justificar el modelo patriarcal imperante en la región de Judea desde hace más de 2,000 años, en el que domina el mandato del género masculino, que no da cabida a otras formas de pensamiento y descalifica todo aquello que no está acorde al canon imperante.

En el Antiguo Testamento encontramos ejemplos de familias diversas: el Génesis hace referencia a la familia de José –hijo de Jacob y Raquel– (Génesis 35:22). Establece claramente los matices de la relación familiar que José tuvo con sus hermanos y su padre a la muerte de Raquel (Génesis 37:2). José reconoció el vínculo afectivo y familiar durante toda su vida y luego de forzarse al exilio decidió volver con su familia pues les amaba. La de José es un típico ejemplo de familia monoparental.

Otro ejemplo lo encontramos en el libro de Rut que destaca la relación familiar que vivieron Rut –la nuera, una mujer joven- y Noemí, su suegra, de edad madura –dos mujeres provenientes de pueblos y costumbres distintas (Rut 1:22). Rut no tuvo problema en reconocer en Noemí a su familia, amarla, respetarla y seguirla.

Posteriormente Boz (el nuevo esposo de Rut) reconoce el vínculo afectivo y la relación familiar y pasa a formar parte de esta. Partiendo de la premisa del vínculo afectivo que debería primar en las relaciones familiares, entonces una relación como la de David y Jonathan podría considerarse como una relación homoparental con un claro vínculo familiar (1 Samuel 20:17) pues la Escritura afirma que Jonatán “le amaba tanto como a sí mismo” (R.V., 1995).

En el Nuevo Testamento los núcleos familiares fueron concebidos más allá de lo típico. Un claro ejemplo es la relación entre María, Marta y Lázaro (Juan 11), tres hermanos que constituían una familia. Jesús reconoció esta relación y la respetó sin cuestionarla. Tenía tanto amor por Lázaro y sus hermanas y entendía la necesidad de mantener el vínculo familiar que demostró la fuerza de su entendimiento, su poder y su amor al traer de vuelta a Lázaro para mantener dicho vínculo.

De igual manera, un fuerte vínculo familiar mediaba entre Jesús, sus discípulos y discípulas, vínculo que trascendió los esquemas de la época al depositar Jesús igual (y en ocasiones mayor) grado de confianza sobre estas por encima de aquellos. Y en la cruz, momentos antes de expirar, dijo a dos de sus discípulos: “Mujer he ahí a tu hijo… hijo, he ahí a tu madre” (Juan 19:26-27). La Escritura agrega que desde aquel momento el discípulo recibió a María en su casa. Eso afirma el reconocimiento de una familia monoparental.

Podemos continuar escudriñando la Biblia en la búsqueda de otros modelos de familias diversas, pero estos ejemplos concluyen claramente que todos están identificados no solo por el parentesco, sino también por un fuerte vínculo de respeto, tolerancia, equidad, aceptación y sobre todo de confianza y amor.

* Estudiante de Teología, consultor del Centro de Estudios Internacionales, CEI

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